NUTRIENTES
Un nutriente es un producto químico procedente del exterior de la célula y que ésta necesita para realizar sus funciones vitales. Es tomado por la célula y transformado en constituyente celular a través de un proceso metabólico de biosíntesis llamado anabolismo o, bien, es degradado para la obtención de otras moléculas y de energía.
Los alimentos son los encargados de aportar al organismo toda la energía que necesita para llevar a cabo sus funciones y poder mantenerse en perfecto estado. Esta energía se encuentra en forma de calorías contenidas en los nutrientes de los alimentos, principalmente en los hidratos de carbono, presentes en las patatas, las legumbres y los cereales y sus derivados como el pan o la pasta; y en las grasas que se encuentran en aceites, mantequilla y margarina o nata, y camufladas en otros alimentos como es el caso de algunas carnes, pescados y los frutos secos. Por tanto, cuanto mayor sea la ingesta de alimentos ricos en estos nutrientes, mayor será también el valor energético de la dieta.
PROTEÍNAS
Las proteínas de todos los seres vivos están determinadas mayoritariamente por su genética (con excepción de algunos péptidos antimicrobianos de síntesis no ribosomal), es decir, la información genética determina en gran medida qué proteínas tiene una célula, un tejido y un organismo.
Las proteínas se sintetizan dependiendo de cómo se encuentren regulados los genes que las codifican. Por lo tanto, son susceptibles a señales o factores externos. El conjunto de las proteínas expresadas en una circunstancia determinada es denominado proteoma.
GRASAS
Los alimentos con más grasas
Los alimentos son un conjunto de múltiples componentes. Entre ellos, los nutrientes. En la mayoría de alimentos, hay un nutriente predominante: a veces, son los hidratos de carbono -como ocurre en el pan, las frutas o el arroz-, otras veces son las proteínas -como es el caso de los huevos o las carnes- y, en ocasiones, el nutriente mayoritario son las grasas -es el caso de los aceites-. El papel de estas últimas en el organismo es muy importante: abarca desde la obtención de energía hasta el aislamiento y protección de los órganos, sin olvidar que también forman parte de las membranas celulares, las hormonas y muchas otras sustancias.En los alimentos, las grasas o lípidos contribuyen al sabor y a la textura de los alimentos y, cuando son mayoría en el producto, se denominan aceites o grasas. Estas últimas son sólidas a temperatura ambiente (como la mantequilla o la manteca de cerdo), mientras que los aceites (como el de oliva o el de girasol) son líquidos. Sin embargo, otros alimentos también suponen un aporte considerable de lípidos. Estas son las diferencias en cantidad, y sobre todo en calidad, de los alimentos más ricos en grasas:
- Aceites vegetales. En más del 99% de su composición, son grasas repartidas, sobre todo, entre ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados. Por su relación con nuestro entorno y por las propiedades saludables atribuidas a su contenido en ácido oleico y polifenoles, se aconseja el consumo de aceite de oliva virgen.
- Salsas elaboradas con aceites vegetales (mayonesa, alioli). Resulta obvio que las salsas que contienen gran cantidad de aceite son también una fuente importante de grasas (más del 85%).
- Mantequilla. Contiene un 80% de lípidos, de los cuales más de la mitad son saturados. Además, aporta 250 mg de colesterol por cada 100 gramos, lo cual la sitúa en los primeros puestos de la lista de productos más ricos en colesterol (después de las vísceras y el huevo).
- Margarina. La mayoría tiene un porcentaje de grasas similar a la mantequilla, aunque al provenir de aceites vegetales su contenido en grasas saturadas es más bajo y no aportan colesterol. En contrapartida, es preciso asegurarse de que la margarina escogida no contiene grasas trans (derivadas del proceso de hidrogenación que sufren los aceites vegetales con el fin de convertirlos en grasas sólidas para untar).
- Frutos secos (piñones, nueces, avellanas) y semillas (pipas, sésamo). A pesar de su elevado contenido en calorías y grasas (alrededor del 60%), datos provenientes del estudio Predimed indican que la adición de frutos secos a la dieta habitual no se asocia al aumento de peso corporal. En cambio, sí están ligados a beneficios para la salud, sobre todo a nivel cardiovascular.
- Embutidos y derivados cárnicos (panceta, chistorra, foie gras, salami, longaniza). Los alimentos cárnicos y sus derivados son la primera fuente de calorías, la primera fuente de grasas saturadas y la tercera fuente de colesterol de la dieta de los españoles. Entre los cárnicos, los embutidos como la chistorra, la sobrasada o el salami, y los derivados como la panceta o el foie gras son los que más grasas aportan.
- Quesos curados. Los quesos más curados contienen menos agua en su composición y, por lo tanto, sus nutrientes están concentrados. Aportarán así más calcio, más calorías y, por supuesto, más lípidos. Un 35%-40% de su composición son grasas y la gran mayoría de estas son saturadas. El contenido en colesterol y sal no es tampoco despreciable.
AZÚCARES
El azúcar genera adicción, tanta como el alcohol o el tabaco. Esta es la impactante conclusión de un estudio británico liderado por un equipo de expertos de la «Action on Sugar», que revela que el azúcar es la «droga» del siglo XXI e insta a la industria alimentaria a reducir el 30% de su contenido en los alimentos. De este modo, se disminuiría el aporte calórico que ingieren los consumidores, cada vez con más problemas de peso y de diabetes.
Con esta campaña pretenden que se reduzca la publicidad en bebidas azucaradas y snacks para los niños, ya que, según ellos, este ingrediente se ha convertido en «el alcohol de la infancia».
Y es en esta edad precisamente en la que es más importante que los
niños lleven hábitos alimenticios saludables, pese a estar expuestos a
todo tipo de bollería y de comida rápida.
Nos equivocamos al pensar que lo hipercalórico se encuentra solo en hamburguesas
Añadir edulcorantes a productos que,
a priori, no lo necesitarían parece ser una práctica habitual en el
sector alimentario. Así lo corrobora Bittor Rodríguez,
dietista, nutricionista y profesor de la Universidad del País Vasco,
que señala que el azúcar -la glucosa y la sacarosa-, los jarabes y los edulcorantes como la sacarina y el aspartamo «se usan ampliamente en la industria, ya que tiene muchos usos además del de dar sabor dulce».
Entre estos está el de reducir la acidez
en los yogures aunque sean sin grasa, conservar las frutas en el caso
del almíbar, evitar que se formen cristales en los helados y que así
resulten más cremosos e incluso sirve para dar color a la corteza de
algunos alimentos. «Otras veces el azúcar añadido en el procesado se
transforma, como ocurre en la fermentación del pan, con lo que el contenido final variará», explica Bittor Rodríguez.
Salados con mucho azúcar
Lo cierto es que hay productos cuyo
equilibro de sabores necesitan de un toque dulce, como en el caso de las
comidas preparadas y las salsas. Tal y como explica el especialista en Biotecnología y Tecnología de Alimentos de la Universidad de Valencia, José Vicente Gil, el caso caso más claro es el del ketchup que puede tener más de 20g por 100g de producto y el tomate frito, que contiene alrededor 8 g por cada 100. «Esto es algo que mucha gente no sabe ni se imagina», advierte

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